El profeta Isaías transmitió al pueblo de Israel el mensaje de Dios: “Vosotros sois Mis testigos, dijo el Señor” (Isaías 43:10).

Este mensaje reverberó a través de la historia como un llamado de Dios a toda la humanidad a vivir vidas que reflejen la fé en el Creador y Redentor del mundo.

Abraham J. Heschel, maestro del fundador del Seminario Rabínico Latinoamericano, el Rabino Marshall T. Meyer, solía citar una interpretación rabínica de esa proclamación profética: “Si vosotros sois Mi testigos, Yo seré Dios. Si vosotros no sois Mis testigos, es como si Yo no fuera Dios.” 

“Vosotros sois Mi testigos” (en hebreo “Atem Edai”) se transformó en el lema y la insignia del Seminario.

El logo del Seminario: una menorá con el lema “אתם עדי”.

El logo del Seminario: una menorá con el lema “אתם עדי”.

Si hay un solo Dios,” decía Marshall, “eso significa que todos somos hermanos, que hay una sola humanidad, que todos tenemos un solo Padre, que mi sangre no es mejor que tu sangre, que todos fuimos creados a Su imagen y semejanza. Nada humano me puede ser ajeno.”

Éste es el espíritu que guió al Seminario desde su fundación en el año 1962 y hasta el presente. Ahondar en las fuentes sagradas del judaísmo y encontrar en ellas la inspiración y la sabiduría para vivir vidas humanas más significativas y auténticas. Ésto implica en nuestros tiempos un compromiso inequívoco con la justicia social, el diálogo interreligioso y los derechos humanos.

El dictum profético indica que Dios necesita de la humanidad para redimir al mundo que creó. Dios está en busca del hombre: “¿Dónde estás?” le preguntó al primer ser humano. Y esa pregunta nos llega a todos los seres humanos.

“Sobre tres pilares reposa el mundo: el estudio, la plegaria y las buenas acciones”.

En el estudio de los textos sagrados, conversamos entre nosotros y con generaciones pasadas y futuras acerca del sentido trascendente de la existencia humana.

En la plegaria elevamos nuestras almas en un acto de auto-trascendencia e invocamos la presencia de Dios en el mundo. “El hombre no está solo” en sus aspiraciones.

Y en las buenas acciones imitamos las sendas de Dios en el mundo: “Sus caminos son caminos agradables, y todos sus pasajes conducen a la paz.”

“Atem Edai – Vosotros sois Mis testigos”

Respondamos al llamado divino.