Parashat Tzav | 23/03

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Parashat Tzav | 23/03

PARASHÁT TZAV

El sacrificio es tan sólo un detalle.

El contenido de la sección de lectura de la Torá de esta semana, parshat Tzav, es aparentemente la mera continuación de la parashá de la semana pasada, Vaikrá. Los sacrificios son los elementos centrales del texto y para nosotros siguen siendo algo bastante extraño y alejado de nuestra realidad y sensibilidad. Nuestra relación con la faena de animales para servir a Dios no nos es más cercana a nuestro espíritu hoy que lo que era la semana pasada, o hace un año… o hace un decenio.

Empero, si la Torá es eterna esta parashá debería tener algún mensaje para nosotros también en la vida moderna y no sólo funcionar como resabio histórico. Por otro lado, si la Torá no fuera eterna, ¿qué sentido tiene seguir leyéndola mecánicamente semana tras semana?

He de señalar que la lejanía de los sacrificios no es, en realidad, una situación moderna para los judíos. La destrucción del Templo hace ya casi 2.000 años ha cambiado radicalmente la relación de nuestros ancestros para con las oblaciones, mas en cada generación hemos buscado continuamente el significado de las palabras de la Torá para cada época, aún allí en donde el texto nos resultara ajeno.

Pues bien, pasada ya la mitad de la parashá, leemos el siguiente párrafo:

«Presentó el novillo expiatorio, sobre el que Aharón y sus hijos apoyaron las manos. Lo faenó y entonces Moshé tomó la sangre y la aplicó con su dedo en las esquinas del altar en alrededor, purificando así el altar. » (Levítico 8:14-15)

A partir de aquí continúa el detalle de todo el sacrificio ofrecido por Moshé. Nada nuevo, aparentemente, salvo que se trata del único sacrificio que Moshé ofreció en toda su vida. Él, el hombre más cercano a Dios de entre todos los seres humanos, que hablaba con el Eterno día a día, jamás ofreció una oblación a Dios a excepción de esta sola oportunidad.

¿Por qué realizó esta ofrenda? Para poner en funciones a Aharón y sus hijos, que de aquí en más serían los únicos podían realizar el servicio divino. Antes de esto, no había ningún sacerdote que pudiera ejercer ese servicio. Es como si Moshé hubiera tenido que sacrificarse para ofrecer un sacrificio.

¿Cuál es entonces la razón por la que jamás realizó ninguna oblación, ni antes ni después? Porque era el jefe de Estado, no era solamente el guía espiritual sino también político y social del pueblo. Esta función de gobierno no le correspondía los sacerdotes, los cohanim. Cada uno tenía su función específica a la cabeza de la sociedad: el poder político estaba claramente separado del poder del Templo. Uno jamás debía influir sobre el otro y la sola función de los sacerdotes era ser intermediarios entre el ser humano y Dios, intermediación que ya no necesitamos hoy en día.

Moshé y los profetas, por otro lado, no tenían una función religiosa, por más que hoy en día estamos acostumbrados a pensar que sí. La religión es la búsqueda que el ser humano hace de Dios, e incluye los rituales y las acciones que hacemos para elevar nuestra palabra y nuestro deseo a Dios. Para ello necesitábamos de sacerdotes en la antigüedad; hoy en día lo hacemos sólo a través de nuestras plegarias.

La función de Moshé y de los profetas que lo sucedieron era moral y legislativa. Dios los inspiraba, pero ellos actuaban amalgamando los imperativos morales divinos con las necesidades sociales. Denunciaban la inmoralidad y la injusticia, enseñaban ley y buenas costumbres, pero no eran “iluminados” que hablaban de una divinidad alienada de lo humano. Eran hombres de Estado morales, celosos de justicia social, guías inteligentes, osados y firmes, pero jamás sacerdotes intermediarios entre el ser humano y Dios.

Por ello es que Moshé jamás realizó una oblación, que es un acto que sólo pertenece al servicio religioso. La única vez que lo hizo fue para justamente declarar con su acción que en la estructura social planteada por la Torá, en el pueblo de Israel debe haber una separación total entre el poder político y el poder religioso.

¿Qué es religión y qué es política? Esto da para otro artículo, pero he dado ya algunos indicios en este comentario. No se trata, en realidad, de lo que solemos llamar religión y política hoy en día.

La singularidad de la oblación de Moshé aparece como un detalle casi inadvertido en nuestra parashá. Y es exactamente de esos detalles inadvertidos de la Torá que tenemos tanto que aprender.

¡Shabat Shalom!
Rabino Iosef Kleiner
Profesor de Talmud en el Instituto Heschel
Seminario Rabínico Latinoamericano

LA PARASHÁ EN VIDEO:
Un proyecto conjunto entre el Seminario, Masorti Olami y la Asamblea Rabínica.
Los invitamos a compartir la parashá de la semana:
Parashat Tzav por Rab Fabian Skornik, Comunidad Lamroth Hakol, Buenos Aires, Argentina.

2019-03-21T15:31:08+00:00