Parashat Lej Lejá | 20/10

///Parashat Lej Lejá | 20/10

Parashat Lej Lejá | 20/10

I. DEJAR  EL PASADO ATRÁS

Y la emigración de mis padres continúa en mí.
Mi sangre sigue retumbando en mis costados
Aun cuando el vaso ya se halla en su lugar.
Y la emigración de mis padres continúa en mí.
Hay vientos antiguos sobre las piedras….
Iehuda Amijai,
(“Y la emigración de mis padres”)

Parashat Lej Lejá nos relata  en breves palabras toda una historia de vida.
Es curioso lo sintético del relato de la emigración.  No conocemos detalles sobre cómo se prepararon para el viaje Abraham, Sara o Lot, cómo fue la despedida, qué recuerdos decidieron archivar como antiguas memorias y qué objetos eligieron llevar consigo para el nuevo comienzo en una tierra desconocida. Podemos únicamente sacar conjeturas sobre cuánto tardaron en aprender el nuevo idioma  para interactuar con sus nuevos vecinos, o  si al hacer  sus compras  cotidianas  con la nueva moneda hacían el cálculo según  la anterior. No tenemos noticias sobre  si  lograron o no  olvidar  la tierra que dejaron, ni  si les resultó fácil adaptarse a la nueva.

La emigración, según el poema de Amijai, tiene impacto no tan solo en el emigrante en sí, sino también en sus descendientes. El poeta caracteriza al hijo del emigrante como un vaso  lleno que fue cambiado de sitio, cuyo  líquido permanece en movimiento,  aun cuando el vaso ya fue ubicado – pensemos que amorosa y  cuidadosamente-   en su nuevo lugar.

La cultura en que el emigrante se inserta  también tiene sus exigencias. En el caso de Abraham y Sará, se sumó la exigencia  divina de cambiar sus nombres: Abram será Abraham y Sarai, Sará. El cambio de nombre simboliza el cambio de identidad y de destino. Abandonar una identidad ligada a la idolatría y el pasaje a la fe en un solo Dios, así como el pasaje de Abraham, de ser simplemente un habitante más, a ser el “padre de muchos pueblos”.

Podríamos entonces, contrastar lo sintético y escueto del relato con el peso, la carga subjetiva de este movimiento enorme y decisivo.

El rabino David Hoffman en su análisis de parashat  Lej Lejá , nos propone un ejercicio de imaginación : ¿Qué haríamos si un día nos pidieran  dejar  nuestras   casas,  familias, todo lo conocido y amado, abandonar nuestro  lugar de pertenencia , nuestras  raíces?

II. DEJAR EL FUTURO ATRÁS

Martin Buber menciona  que esta orden “Lej Lejá”, “Vete”, se le da a  Abraham, no una sino dos veces en la vida.

La primera referida a su pasado, a cambio de cuyo cumplimiento, Dios ofrece una promesa: le dará a Abraham la tierra y lo convertirá  en una gran nación, numerosa como las estrellas del  cielo. 

Prosigamos con nuestro ejercicio de imaginación. Por si  no fuera suficientemente compleja  la emigración, ahora nos suman otra orden: Nos piden separarnos del futuro que soñamos, el que planificamos construir para nosotros y nuestra  familia, nuestras esperanzas, nuestro porvenir.

La segunda vez que Dios hace salir a Abraham con la orden “Lej Lejá”,le pide  que tome a su amado hijo Itzjak y que lo sacrifique  – este  hijo añorado por largos años, esperado, anunciado en la vejez  frente a la incredulidad de Sara, que por fin llegó. El hijo por medio del cual tendría descendencia,   la semilla de una futura nación.  Este segundo mandato “Lej Lejá”  representa la caída  de la promesa.  Con él se le pide a Abraham que abandone las esperanzas de  futuro, las mismas que alimentaron y  fortalecieron  la convicción de seguir adelante en su travesía de emigrante.

Podríamos decir que Dios le pidió  a Abraham no uno, sino  dos sacrificios, dos grandes renuncias: Por un lado, sacrificar  sus raíces, su arraigo, sus huellas de identidad para construir otra historia, y por el otro, sacrificar  su continuidad y  los ideales que había abrazado.

De ese modo, quedaba  trunco todo su plan. Pero Abraham no vaciló.

Entonces, solamente le quedaba una opción: Habitar  el presente.

Martin Buber dirá que es en ese presente  donde  Abraham puede sentir más profundamente la presencia de Dios, cuando logra  no quedar capturado en el  tiempo pretérito ni en el  porvenir, y puede soportar que lo único que posee sea su incierto presente.

Cuando más desposeído y vulnerable se nos presenta,  es cuando está más ligado a la presencia divina.

La vida de Abraham nos enseña que  es posible tener fe en el presente.

Así es como lograría, por causa de esta fe irreductible,  la trascendencia.

Abraham cambiaría  los rumbos de la Humanidad y sería  recordado por siempre.

Somos los descendientes de un pueblo que tiene su origen en una pareja de emigrantes, de la cual, volviendo a la idea de Amijai, algo continúa en nosotros.

Quiera Dios, que cuando parece que perdemos lo que creíamos sólido e inamovible, o  sentimos que no quedan esperanzas para lo que vendrá,  podamos ser capaces  de abrazar con fe nuestro presente, confiando en que allí es donde se  nos pueden presentar, con la ayuda de Dios,  los rumbos inesperados que vale la pena explorar y transitar, porque tal vez serán ellos los que nos posibiliten trascender.

SHABAT SHALOM
Lic. Aliza Eskenazi
Coordinadora TALI Iberoamérica


LA PARASHÁ EN VIDEO:
Un proyecto conjunto entre el Seminario, Masorti Olami y la Asamblea Rabínica.
Los invitamos a compartir la parashá de la semana:
Parashat Lej Leja por el Rabino Mariano del Prado, de la Asociación Israelita de Las Pampas, Argentina.

2018-10-17T19:33:57+00:00