Cada Voz es Única

Esta semana leemos la famosa historia de los hermanos Iaacov y Esav. El problema de ellos comienza desde el vientre, donde se peleaban constantemente. Cuando nacen, el menor agarra al mayor del talón (ekev) y de allí sale el nombre de nuestro patriarca Iaacov. Desde su aspecto físico hasta su personalidad, todo era diferente: Esav, el mayor, tenía mucho pelo en su cuerpo, era pelirrojo  y era cazador. Iaacov, por su parte, era lampiño y más hogareño, la Tora lo describe como “Ish Tam iOshev Oalim” (un hombre simple que se quedaba en el campamento). Y así es como Itzjak quería más a su hijo Esav, mientras que Rivka prefería a Iaacov.

Al crecer, Iaacov logra que su hermano Esav le ceda sus derechos de primogenitura a cambio de un plato de lentejas. Un poco más tarde, cuando su padre Itzjak está muy anciano y ciego, aparece otro conflicto: Itzjak pide a su hijo preferido, Esav, que vaya de caza y le cocine un guiso para comer y luego poder darle su bendición antes de morir. Su esposa Rivka escucha la conversación, envía a Iaacov a buscar dos cabritos, prepara ella misma un guiso y disfraza a su hijo menor para que sea bendecido por su padre, usando la piel de los cabritos y ropa de Esav.

Iaacov se presenta frente a su padre y le dice: “Levántate, por favor; siéntate y come del animal que he cazado” (27:19). La suavidad con la que habló, hizo dudar a Itzjak (si continuamos leyendo el texto bíblico, veremos que el “por favor” no era parte del vocabulario de Esav). Por eso, le pregunta cómo hizo para tardar tan poco. Iaacov dice que D’s lo ayudó a encontrar un animal. Luego el padre pide tocarlo y dice: “La voz es la de Iaacov, pero los brazos son los de Esav” (27:22). Y volvió a preguntarle: “¿De veras eres mi hijo Esav?”(27:24). Luego le pide probar de su comida y más tarde, le da un beso y lo huele. Después de todas estas pruebas, utilizando todos los sentidos, Itzjak bendice a su hijo.

Quiero concentrarme en lo que utilizó nuestro patriarca Itzjak para saber cuál de sus hijos era el que estaba en frente suyo. La prueba del tacto fue superada, Itzjak realmente creyó que estaba tocando a Esav. La del gusto también, siendo que Rivka logró cocinar algo parecido a lo que preparaba su hijo mayor. Y también lograron confundir a Itzjak con el olfato, ya que la ropa de Esav tenía un aroma especial e Iaacov ya llevaba puesta. ¿Cuál es la única prueba que no superó? La voz. Itzkaj dice claramente “La voz es la de Iaacov”.

Esto nos muestra algo muy interesante: podemos disfrazarnos y copiar acciones de otros y quizá nos parezcamos mucho a los demás. Quizá logremos que algunos se confundan. Pero hay algo que nos distingue, que no podremos modificar, que es parte de nuestra esencia: La voz.

En la Tora varias veces aparece la palabra “Kol”  (voz), y es un instrumento importante, también de D’s. Por citar dos ejemplos: La voz es parte de lo que conocieron de D’s los benei Israel en el Monte Sinaí al recibir los 10 mandamientos. Según la descripción de la Tora, se escuchaban voces de shofarot y del propio D’s que decía cada una de las palabras. El segundo ejemplo lo encontramos en el libro del profeta Eliahu. Él en un momento encuentra a D’s en “Kol dmama daka” (en una voz finita, como un susurro). Por lo tanto, vemos que D’s se manifiesta con su voz, tanto en lo más ruidoso como en el silencio. No sabemos exactamente cómo es esa voz, porque D’s no tiene forma y por tanto, tampoco boca. Sin embargo, cuando queremos hablar de la comunicación entre D’s y los humanos, se utiliza el concepto de “voz”.

D’s creó al mundo con la palabra. En hebreo “davar” significa “palabra” y “cosa”. La voz es nuestro instrumento para emitir palabras. Por lo tanto, es la herramienta que nosotros mismos podemos utilizar para crear. Tanto cuando hablamos, como cuando callamos, estamos expresándonos y creando realidades. La voz tiene que ver no sólo con cómo se nos escucha, sino también con cómo decimos las cosas, qué estamos diciendo, qué tonos utilizamos, qué formas, etc. La forma de comunicarnos con el resto es tan particular de cada uno, que no hay forma de disimular o copiar a otros.

Por esto, creo que esta parashá nos está llamando a utilizar eso que nos distingue, a hacer algo creativo y productivo con esta herramienta. Cada uno tiene una voz particular, un poder especial para crear. Podemos utilizarlo para crear algo positivo o para destruir todo lo que nos rodea. Podemos utilizarla para bendecir o maldecir, para alentar a otros o para hacerlos sentir mal, para describir las más lindas verdades o pronunciar las peores mentiras, para hacer llorar y para hacer reír. Tenemos mucho poder dentro nuestro. Los seres humanos somos los únicos capaces de pensar con palabras y emitirlas, somos los únicos poseedores de esta herramienta creativa.

La voz de cada uno es única y debemos tener en cuenta de que hay cosas que solo nosotros podemos decir, que solo nosotros podemos crear, porque somos los únicos dueños de esa voz en particular. Esta voz puede venir desde lo más profundo y traer consigo los sentimientos más nobles, o podemos solamente decir cosas banales y sin sentido. Está en nosotros cómo la utilizamos.

Entonces, ¡Usemos nuestra voz sabiamente! ¡Levantemos nuestra voz por las causas que creemos justas! ¡No nos callemos cuando de verdad queremos algo! ¡No intentemos copiar las voces ajenas! Usemos este poder que es diferente en cada uno. Sepamos diferenciarnos del resto, aprovechando las virtudes que tenemos.

Shabat Shalom Umeboraj!

Karina Gringauz

Estudiante de Abarbanel