Parashat BeMidbar 5777

Vaishlaj 5776

Esta semana Parashat Vayishlaj encontramos uno de los relatos más fascinantes de toda la Torá, la famosa lucha de nuestro patriarca Iaakov con un ángel durante toda la noche, lucha que finalmente cambiará su nombre de Iaakov a Israel y que por ende dará identidad al pueblo judío hasta el día de hoy.

Este episodio es bastante confuso. Rl hombre que pelea contra Iaakov, que se suele interpretar como un ángel, es una interrogante en sí mismo. No termina de quedar claro si realmente es un ángel, es Ds, es una lucha interna con su propia conciencia o tal vez contra su pasado. Sin embargo, de esta pelea podemos extraer una enseñanza hermosa. Al final del episodio cuando Iaakov ya se encuentra herido y el ángel se dispone a partir, Iaakov grita “no te dejaré ir hasta que no me hayas bendecido”. Iaakov hacia el final de la lucha estaba herido (el ángel le dislocó la cadera, y en recuerdo a ese episodio es que no comemos el nervio ciático hasta hoy), probablemente estaba cansado y preocupado ante un inminente encuentro con su hermano a quien no veía hace veinte años y que había jurado en esa última ocasión matarlo. Sin embargo, ante la adversidad, Iaakov exige la bendición del ángel, aún en un momento tan difícil como en el que se encontraba, pide algo bueno. Iaakov finalmente es bendecido por quien lo hirió, por quien luchó contra él toda una noche y supo extraer algo positivo de aquello. Fue desde ese momento que su nombre […]

Vayetze 5776

¡Y el ganador es!

¡Yo soy el mejor! ¡A mí me quiere más! ¡Yo lo encontré primero!

Y la lista podría seguir, pero me pregunto ¿acaso importa?

¿No es que todos somos iguales? De hecho nuestros textos nos dicen que sí, que lo somos ¿y entonces?

Vivimos en una sociedad en la que la competencia es permanentemente, el puesto de trabajo, el mejor auto, la casa más grande, la nota más alta, etc.

Y la parashá de esta semana, Vaietze, nos pone cara a cara con la competencia, y quienes compiten son las esposas de Iaakov, las hermanas Lea y Rajel. ¿Por qué compiten? Nada más ni nada menos que por el amor de Iaakov, las dos están casadas con él y esto genera una situación difícil, sobre todo porque la amada de Iaakov, Rajel, no puede tener hijos.

Así es como una y otra compiten para darle más hijos, y ni siquiera lo hacen para satisfacer un deseo personal, sino que tanto una como la otra quieren convertirse en la favorita de su esposo, lo hacen para ser “mejor” que la otra.

Y me dirán ¡Pero no toda competencia es mala!

Y no, claro que no, la competencia es buena cuando nos ayuda a crecer, a madurar, a mejorar, pero cuando la competencia es sólo para ser mejor o tener más no conduce a nada bueno.

Cuando la competencia surge de una necesidad de superar porque sí al otro, entonces podemos caer con facilidad en la envidia, los celos, el odio al prójimo.

Enseñan nuestros sabios que el “Beit Hamikdash” (el Templo de Jersualem) […]

Toldot – 5776

Cada Voz es Única

Esta semana leemos la famosa historia de los hermanos Iaacov y Esav. El problema de ellos comienza desde el vientre, donde se peleaban constantemente. Cuando nacen, el menor agarra al mayor del talón (ekev) y de allí sale el nombre de nuestro patriarca Iaacov. Desde su aspecto físico hasta su personalidad, todo era diferente: Esav, el mayor, tenía mucho pelo en su cuerpo, era pelirrojo  y era cazador. Iaacov, por su parte, era lampiño y más hogareño, la Tora lo describe como “Ish Tam iOshev Oalim” (un hombre simple que se quedaba en el campamento). Y así es como Itzjak quería más a su hijo Esav, mientras que Rivka prefería a Iaacov.

Al crecer, Iaacov logra que su hermano Esav le ceda sus derechos de primogenitura a cambio de un plato de lentejas. Un poco más tarde, cuando su padre Itzjak está muy anciano y ciego, aparece otro conflicto: Itzjak pide a su hijo preferido, Esav, que vaya de caza y le cocine un guiso para comer y luego poder darle su bendición antes de morir. Su esposa Rivka escucha la conversación, envía a Iaacov a buscar dos cabritos, prepara ella misma un guiso y disfraza a su hijo menor para que sea bendecido por su padre, usando la piel de los cabritos y ropa de Esav.

Iaacov se presenta frente a su padre y le dice: “Levántate, por favor; siéntate y come del animal que he cazado” (27:19). La suavidad con la que habló, hizo dudar a Itzjak (si continuamos leyendo el texto […]

Jaiei Sara 5776

Jaiei Sará o cómo trascender en el tiempo

Es curioso que esta parashá se denomine “La vida de Sará” cuando el primer acontecimiento que relata es su fallecimiento, y el último, el fallecimiento de Abraham. Pero, fiel a la tradición del judaísmo, aquí la muerte de nuestra primera matriarca y nuestro primer patriarca se resignifican a la luz de los días vividos, de sus valores, del sentido que imprimieron en los demás.
En el caso de Sará, su muerte aparece en forma repentina, inesperada. Cuenta un midrash que se dio por enterada de que Abraham sacrificaría a su hijo, su único, Itzjak. No pudo superar el dolor y aguardar la espera de su regreso, tal como ocurrió.
Ese amor profundo que sentía por su hijo, da el marco de la historia central de esta parashá: la elección de una mujer para Itzjak. Si bien los hechos que se relatan parecieran trascender la voluntad y sentimientos de sus principales protagonistas, son ellos los que se apropian de su destino a través de sus decisiones y emociones.
Conocemos esta historia: una vez que dio sepultura a Sará, Abraham piensa en el futuro de su hijo, lo cual equivalía a preocuparse por la continuidad del pueblo que D´s le prometiera. Le ordena entonces a su servidor de máxima confianza que fuera a la tierra donde moraba su familia, Aram Naharaim, y que trajera de allí a la mujer que considerara apropiada para Itzjak. No le dio precisiones de cómo debería ser esa mujer, pero sí aclaró que sería ella la que tendría […]

Vayerá 5776

La parashá comienza con dos imágenes en paralelo entre tío y sobrino. Por un lado Abraham sentado bajo un árbol al “calor del día”  en el desierto del Neguev. Por el otro está Lot, sentado a la puerta de la ciudad de Sodoma. Ambos estaban donde habían elegido estar.

Imagino a Abraham pensativo, mirando hacia el suelo y cuando “levantó la vista” se encontró con tres personajes  parados delante de él y ante quienes  “hizo reverencia” y ofreció de su hospitalidad.

Uno de los  visitantes le anunció su maternidad para el siguiente año, lo cual causó una incómoda risa en Sara. Tal vez no era para menos, ya que la promesa parecía una burla a su ancianidad y su infertilidad.

Sorprendidos los visitantes ante la risa incrédula de Sar, le lanzaron una pregunta Abraham que ha dejado huellas a través de los siglos ¿Hay algo demasiado difícil para Adon-i?

No se tocó más el tema. Los tres viajeros se levantaron y mirando para Sodoma y Gomorra, le indicaron a Abraham que ese era su destino y que su misión consistía en destruir la ciudad cuya corrupción, inseguridad y abusos eran proverbiales. Mientras dos de los mensajeros se despedían, Abraham se quedó pensando que en una de esas ciudades vivía su sobrino Lot y su familia. Entonces Abraham lanzó una de las grandes preguntas de la Torá: Señor, ¿Acaso destruirás al justo junto con el impío? .

Abraham, sin esperar respuesta alguna, y sabiendo que no contaba con demasiado tiempo, se acercó a D´s y comenzó a “negociar” con El. Su […]

Lej-Lejá 5776

“Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que Yo te mostraré” (Bereshit 12:1)

Abram y Sarai emprenden el camino que los llevará de la comodidad de su tierra natal a la Tierra de Israel. Es tanto un viaje físico como una búsqueda interna, de índole espiritual: lej lejà, literalmente: “vete para ti”, “ve hacia ti”,  significa también ve hacia tu alma.

Naturalmente surgen dudas, miedos y riesgos: ¿Cómo ir hacia lo desconocido? ¿Cómo nos preparamos? ¿Tendremos el coraje para partir y dejar todo atrás? ¿Qué podremos llevar con nosotros? ¿Cómo encontrar la fuerza dentro de nosotros mismo para tal emprendimiento?

Abraham y Sara no caminan solos, Dios los acompaña y les otorga tres regalos que serán una guía para ellos y para todas las generaciones: bendición, identidad y mitzva (precepto).                    Primero Dios los bendice: “Haré de ti una nación grande y  te bendeciré y engrandeceré tu nombre y serás  una bendición” (Bereshit 12:2), luego les da una identidad diferente al cambiar sus nombres, Abram (padre elevado) por Abraham (padre de multitud de pueblos) y  Sarai (mi princesa) por  Sara (princesa de toda la humanidad) (Bereshit 17:5 y 15), y por último los comanda con un precepto, la mitzva del Brit Mila- circuncisión.  (Bereshit 17:10-13)

En nuestros caminos personales, también contamos con los mismos tres regalos divinos:

El regalo de la bendición de la vida y la salud, de la familia y la comunidad. Las bendiciones que recibimos y también las que damos, nos constituyen, hacen de nosotros quienes somos.   Elegir […]

Noaj 5776

“Todo aquel que es placentero a sus semejantes, también es placentero a Ds; y todo aquel que no es placentero a sus semejantes, tampoco es placentero a Ds.”

“Y se corrompió la tierra delante de Ds, y se llenó la tierra de violencia. Y miró Ds la tierra y he aquí que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra”
Bereshit 6:11,12

Recién empezamos a leer la Tora estudiando la creación del mundo en la parasha anterior. Tenemos un año de lecturas por delante, y sin embargo, Ds quiere destruir lo que había creado. El mundo se había corrompido, la tierra se llenó de violencia. La indiferencia hacia la miseria y el desprecio humano que existe en el mundo no es nada nuevo. Se nos describe una situación de extrema maldad, un mundo que no tiene arreglo.

“Noaj era un varón justo y perfecto entre sus contemporáneos”
Bereshit 6:9

Cuando el mundo está enfermo y descarriado; el hombre no puede ver a su alrededor personas sino agentes de destrucción. En ese momento, Ds eligió empezar de nuevo con lo único que podía rescatar de la humanidad, con la única persona justa del mundo, con la única persona que no se había contagiado de maldad.

Uno podría pensar que era fácil ser como Noaj, ya que en comparación con la pura maldad, cualquiera de nosotros sería justo, pero sin embargo, el desafío de Noaj fue no corromperse ante la violencia y la corrupción que había inundado el mundo.

El primer pasuk de la parasha (Bereshit 6:9) dice tres veces el […]

Bereshit 5776

“La Creación del Mundo”

¿El nacimiento de un hijo es un milagro? ¿El nacimiento de un hijo es un hecho natural? ¿Cuál de estas dos preguntas es correcta y cuál no? ¿Podemos aceptar que ambas son verdaderas?

Cuando pensamos en el origen del Mundo, entre la versión de la Ciencia y lo que dice la Torá, ¿con cuál nos quedamos? Como judíos modernos y occidentales, ¿qué valor le damos a “Bereshit”, la Creación del Mundo en 6 días por obra de D’s?

Todos sabemos que el número 5776 se queda corto para decir la edad del Universo. Entonces, ¿qué hacemos con la Torá? ¿En qué queda el judaísmo?

Es como el nacimiento de un hijo: Es un milagro y a la vez es científico. Las dos son verdades, una no quita la otra ni al revés, no se contradicen, no hay necesidad de forzar la compatibilidad.

Nuestro desafío como judíos modernos es vivir con las dos verdades: La Ciencia explica el por qué; la Torá enseña el para qué. D’s creó el Mundo para que nosotros seamos parte de este Milagro.

¡Shabat Shalom!

Sem. Natan Waingortin

Sucot 5776

Sucot es la tercera de las fiestas de peregrinación. Como dice nuestra parashá, tres veces al año, en Pesaj, Shavuot y Sucot, todos los hombres deberán encaminarse hacia Jerusalén para entregar su ofrenda ante el D’s de Israel. (Exodo 34:23). Con Sucot se cierra el ciclo que empieza con la salida de la esclavitud y termina con la fiesta de las cabañas, que nos recuerda las viviendas de nuestros antepasados en los años de peregrinaje por el desierto.
Sucot es también llamada “Jag Haasif”, la fiesta de la recolección, que tiene lugar cuando el verano llega a su fin y los graneros están llenos del fruto de nuestro trabajo. Estamos henchidos de orgullo por la abundancia que hemos logrado y nos invade la tentación de exclamar: “¡Todo esto lo hice yo!” 
En ese momento de gloria la Torá nos llama a cambiar de perspectiva, a abandonar la comodidad de nuestras casas y sentarnos en la sucá, para poder  reflexionar y volver a preguntarnos: ¿Obra de quién es nuestra magnífica recolección? Fue el Creador quien creó todo lo que nos rodea, quien creó el suelo y le dio su fertilidad, quien creó el grano y el agua, quien nos dio la capacidad de sembrar y cosechar. Nosotros somos parte de esa Creación, y con nuestra habilidad creadora, a imagen y semejanza de la de D’s, multiplicamos el grano.
La fragilidad de la sucá nos pone en contacto con lo primario, con lo simple, a merced del calor y del frío, podemos percibir el viento, ver las estrellas y […]