Un maestro que deja a los niños en la clase y sale, o que hace con ellos otras tareas, o que es negligente con su estudio; esté es el principio general:  ¡Maldito el que haga con indolencia la obra de Adonai! (Jeremías 48:10). Por esta razón no se debe asignar un maestro a menos que sea un hombre de fe, rápido en la lectura y meticuloso. AGA: Y el maestro no debe dormirse muy tarde para no estar vago al día siguiente. Por esta misma razón no debe ayunar ni comer o beber en demasía. Porque todas estás cosas causan que no pueda enseñar correctamente. (Shuljan Aruj, Iore Dea, 245:17)

La enseñanza es una tarea sagrada, así lo interpretan nuestros maestros de las palabras del profeta Jeremías. La educación para el pensamiento judío es una obra sagrada y suprema tanto para el educador como para el educando. En este contexto el Shuljan Aruj nos enseña que la elección del maestro debe ser muy cuidadosa. No se debe poner a cualquiera a enseñar simplemente porque se necesita cubrir una posición. “Con la educación no se juega”, podríamos decir en nuestro lenguaje coloquial.

Lamentablemente los tres ejemplos que trae Yosef Caro para mostrar quién es un mal docente se ven continuamente en muchas escuelas. Maestros y maestras que dejan a los niños en el aula y se van durante largos minutos a hacerse un café o a terminar de conversar con algún compañero o compañera. Maestros que en vez de enseñar lo que les fue asignado se dedican a hacer otras tareas con sus alumnos. Y quizás lo peor de todo es el caso de aquellos maestros que son negligentes con su propio estudio, que después de haberse egresado no continuán estudiando y actualizándose, y que como consecuencia su enseñanza también es negligente y paupérrima. Estos ejemplos son constantes, en aquellos tiempos al parecer, y en los nuestros también. Yosef Caro los fustiga con dureza.

No se puede tomar a la ligera la tarea sagrada de educar en conocimientos y en valores a los más pequeños de nuestras sociedades. El autor nos dice que debemos asignar como maestro solamente a una persona de fe con amplios conocimientos y meticuloso en su estudio y en su enseñanza. Este es el ideal. El maestro debe ser un ejemplo y por lo cual la vara para su elección siempre debe estar alta. Moshe Iserles al glosar el Shuljan Aruj también fija ciertas cosas que quienes son maestros no deberían hacer. No deben acostarse muy tarde ya que al otro día estarán dormidos. Tampoco deben ayunar “porque sí” ya que esto debilita sus cuerpos, pero tampoco deben comer en exceso ya que tampoco así estarán plenos para enseñar. En resumén: la enseñanza es una tarea sagrada y uno debe estar a la altura de las circunstancias para merecer el título de maestro.

Fuente: https://he.wikisource.org/wiki/שולחן_ערוך_יורה_דעה_רמה