“La temporada de Lluvias”

Antiguamente los Iamim Noraim eran un llamado de atención para todo judío, claro, se acercaba la festividad de Sucot y con ella la temporada de lluvias y la consecuente necesidad de empezar a ser conscientes del fin del ciclo de la cosecha y el comienzo del año de siembra. Al día de hoy algunas cosas siguen siendo exactamente iguales, tal es así que no importa si estamos en el hemisferio norte o en el sur, siempre durante los 8 días que dura la fiesta de las cabañas llueve.

Desde mi punto de vista no hay sensación más linda que la de estar debajo de la Sucá, cenando mientras las gotas empiezan a caer lentamente. Se respira ese olor a naturaleza recién nacida que nos conecta con la tierra que pisamos. Siento que mis pies echan raíces y me veo bendecido en la lluvia que ayuda a que todo lo que en mi es potencia y semilla se transforme en realidad.

Ya no hay tiempo para mucho más. La historia va llegando a su fin y nuestro líder Moshe elige cuidadosamente cada palabra para despedirse. Pronto llegara el tiempo de que bendiga a cada tribu, ahora es el momento de cantar. Conocida es la opinión de varios intérpretes de la Tora que coinciden en que nuestra parasha, especialmente la poesía que allí es cantada, informa acerca de lo que fue, lo que es y lo que será del pueblo de Israel. Allí se incluye la historia de nuestros patriarcas, nuestra esclavitud en Egipto, los exilios que sobrevendrían luego de conquistada la Tierra Prometida y por último la llegada de la era mesiánica. Y en el medio de esta canción:

Goteará cual lluvia mi enseñanza, fluirá cual roció mi dicho” (Devarim 32:2)

No importa el pasado, el futuro es aún un misterio, la clave parece decirnos Moshe, está en si acaso somos capaces de sentir cada palabra de Tora como una gota que cae durante una lluvia, si acaso somos capaces de sentir el rocío y su actuar silencioso, pero necesario que nos ayuda a que todo vuelva a nacer.

La Tora es llamada en nuestra liturgia (entre otras formas) Etz jaim- árbol de vida, y no por casualidad. En el comienzo de la creación D’s colocó en medio del Paraíso un árbol, el Etz jaim, y de sus raíces se desprendían todas las raíces de todo el resto de los árboles. De su tronco fluían 4 ríos que regaban a cada planta, a cada ser. Las raíces de ese árbol de vida eran la Tora, Etz jaim. Y dicen los místicos del zohar que las aguas de ese árbol de vida siguen fluyendo hasta hoy, en forma de bendición, en forma de alegrías, de tristezas, de proyectos. Esas aguas que nos riegan son aquellas que nos ayudan a que todo lo que durante los Iamim Noraim en nosotros fue potencial se convierta en realidad, que todas las semillas que sembramos mientras rezábamos empiecen a mostrar sus hojas, sus flores. Es por eso que parashat haazinu viene tan cerca de Sucot, porque es esta la fiesta que nos llama a llevar adelante y ver nacer todos los proyectos a los que nos comprometimos en estas fiestas que pasaron.

Podamos tener todos una fiesta de Sucot llena de bendiciones, de lluvias que hagan renacer todo lo que dentro nuestro pide transformarse en vida, tal como sucede en la primavera.

¡Shabat Shalom veJag HaSucot Sameaj!

Sem. Alan Kuchler